Hace veinticinco años, en una conferencia que pronuncié y que contó con la presencia tanto de Juan Bosch como de José Francisco Peña Gómez, dije: “Yo considero que a la República Dominicana no le conviene la presencia de esa mano de obra y que, con la ayuda de organismos de Naciones Unidas, se debería promover una repatriación pacífica y civilizada de los haitianos que estén ilegalmente en mi país. Mis argumentos se basan en razones puramente políticas, económicas y morales y no reflejan los prejuicios de tipo racial y social de nuestras generaciones pasadas. Desde el punto de vista político, la presencia de la mano de obra haitiana promueve el anti haitianismo dominicano, lo que no conviene, ni a los dominicanos ni a los haitianos. También, desde el punto de vista político, la dependencia de la economía dominicana en la mano de obra haitiana implica una debilidad para la política…

Los apátridas




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